7.24.2017

Vivir vendiendo 200 relojes al año


Si eres dueño de una relojería, probablemente te dé la risa escuchar que se puede vivir vendiendo solamente 200 relojes al año. Pensarás -ciertamente- que ese dinero ni siquiera te da ni para levantar la persiana, ni para pagar la cuota de autónomos de un solo mes. Y es cierto. Pero voy más allá: vendiendo solo 200 relojes si no puede mantenerse en pie una relojería, mucho menos una empresa. Imaginémonos a Casio, vendiendo millones de unidades al año. Si te digo que eso puede hacerse, e incluso puedes mantener una factoría y mantener a 46 empleados trabajando en ella a tiempo completo, probablemente lo primero que preguntes es que dónde está el truco.

Truco no hay. El único "truco" es vender cada reloj carísimo, claro, y eso es lo que ocurre con el fabricante (que es también manufactura, fabrican calibres propios) Moritz Grossmann. Esta marca solo tiene muy pocos modelos a la venta, pero parten de los 39.800 $ y pueden llegar hasta los 54.700$. Así que venden doscientos ejemplares únicamente al año, pero fíjate: aunque vendan solo doscientos de su modelo de 40.000 $, en un año obtendrían la friolera de 79.600.000 $. La cosa cambia, ¿verdad? ¿Eso ya no lo vendes tú en tu relojería, cierto?




Produciendo sus mismos movimientos y bajo la atenta mirada de Christine Hutter (sí, es una mujer la que está al frente de la marca) este fabricante se ha posicionado (como no podía ser de otra manera) entre las marcas de relojes de lujo más elitistas. Pero no quieren cruzarse de brazos: aspiran a llegar a vender 1.000 unidades anuales, con unos números que dan mareos, simplemente vendiendo unos pocos modelos de relojes (no tienen muchos, solo cuatro).

La mayoría de sus 46 empleados están destinados en exclusiva al ensamblaje manual de calibres y relojes, y solo ocho de ellos se dedican a tareas de marketing, venta o contabilidad. Esta marca, con sede en Alemania, se destaca por unos relojes de aspecto clásico y elegante, con innovaciones como calibres en donde el ajuste se mantiene en la misma posición mientras se introduce la corona, para evitar mínimas desviaciones de las agujas, y el movimiento se reinicia mediante un pulsador específico. Con esto se reduce también el tiempo en que la corona está extraída, evitando así que penetre suciedad en el interior del reloj.


Estos relojes, desde luego, no son para humanos. Son para..., no sé quién podría tener la osadía de adquirirlos, la verdad, pero hay 200 personas en el mundo que se creen en la necesidad de tener uno. Lo que sí hay que quitarse el sombrero es ante la gestión que de la marca ha hecho su CEO, obviamente de casta le viene al galgo: Christine había trabajado anteriormente en marcas tan elitistas como Maurice Lacroix, Glashütte o A. Lange & Söhne, por lo que sabía muy bien el mercado en el que se movía. Aprovechando la crisis financiera de 2007, decidió "liarse la manta" y buscar un buen nombre para una firma relojera de lujo. Lo encontró en Moritz Grossmann, marca que había sido fundada por Karl Moritz Grossmann en el siglo XIX, y que se amoldaba justo a lo que quería: historia, un nombre "aristrocrático" (como le gustan a los compradores de relojes de este tipo), y lo suficientemente olvidada y abandonada como para ser barata de adquirir. De manera que compró los derechos de la marca, y con 16 empleados empezó a vender relojes en su propia casa, en Dresden (Alemania). En 2010 ya veía el potencial suficiente en su marca como para dar un paso más hacia adelante, y en 2013 concluyó la construcción de una nueva factoría, en la que están actualmente.

Ambición, talento, oportunidad, conocimiento del mercado, conocimiento del sector..., y un capital suficiente para empezar (supongo que aunque partieron de un primer calibre, fabricar éste no sería barato). De todo ello yo me quedo con la marca, realmente "rescatar" a Moritz Grossmann fue todo un acierto, aunque probablemente hubiera funcionado todo igual de bien si ella se hubiera "inventado" o sacado de la manga otra cualquiera. Pero la historia es la historia, y eso también vende.


| Redacción: RevistaRelojes.com / RevistaRelojes.blogspot.com

5 comentarios:

  1. Tiene mucho mérito ser capaces de cobrar 40.000$ por un reloj Made in Germany, y aún así venderlos. Es lo que quisieran todos los fabricantes.

    Y claro que su objetivo es subir de 200 a 1.000. De hecho, si pudieran subir a 10.000 y mantener esos precios, estarían mucho más contentos. Pero ocurre que cuando sube la tirada, automáticamente descienden los precios. Es lo que se llama la distribución de la demanda.

    Algo parecido le ocurrió a Ferrari, y por eso llegaron a un punto en el que decidieron no producir más de X unidades.

    Por otro lado, y manufactura a parte, estos diseños tampoco me dicen nada. Por ese precio, hay cosas mucho más elaboradas.

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  2. 40 000 x 200 son 8 millones, no 80.
    Si voy a gastar eso en un reloj, no va a ser en una marca olvidada.

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  3. sí Daniel, puse un cero de más :) Gracias

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  4. Si llega un amigo con un reloj que me dice que cuesta 40 000 dolares o euros, y veo que es de una marca que no conozco, a la brevedad, por curiosidad, lo busco en google, y descubro que es una marca olvidada, mercenaria, re hecha hace 10 años. O sea que mi amigo estaría pagando 40 000 por una hora de presunción, mas o menos.

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  5. Pienso que el mundo de los relojes en si tiene que ver mucho con la presunción, puesto que ya no son tan necesarios como antes cuando no existía el teléfono móvil. De hecho debe ser difícil venderlos lo cual tiene también mérito para la empresaria.

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