2.01.2017

El reloj que va hacia atrás


Los relojes actuales (el reloj analógico) miden siempre el tiempo presente "hacia adelante", no son capaces de medir el tiempo "hacia atrás". Obviamente, eso sería imposible, porque nadie puede saber el tiempo que nos resta. Puede ser difícil de entender, pero imaginémonos un temporizador digital, que tiene la peculiaridad de ir hacia atrás (o de contar hacia atrás, vaya) en el tiempo. Si hiciésemos un analógico así, ¿a qué hora señalaría? ¿Desde qué hora partiría? Imposible, digo.

Pero os pido un poco de esfuerzo en imaginación, porque vamos a entrar en terreno de la fantasía.




Los aficionados más tradicionalistas y arcaicos en la relojería tienen una superstición que ancla sus raíces muy atrás en el tiempo. Hablan de que nunca, jamás, muevas tu reloj con sus manecillas hacia atrás. Aparte de que dañe o no los movimientos (a los movimientos actuales les trae sin cuidado eso, por cierto), ellos aseguran que nunca lo hagas, que es ir contra natura.

Como si rompieras una regla atávica no escrita por a saber quién nos haya dado el conocimiento de medir el tiempo a los humanos, pero con una condición: que no explorásemos el camino inverso.


Pero hoy, aquí, vamos a romper esa regla. Y vamos a saber lo que ocurre, porque sí, ocurre algo, y os sorprenderá. Pero como no disponemos de un reloj de ese tipo, os vamos a pedir que cada uno en su imaginación lo vaya "construyendo" según avanzamos en las descripciones. El esfuerzo merece la pena porque os va a descubrir algo que seguramente muchos desconocíais totalmente.

Imaginémonos, por tanto. Y empecemos a imaginar que tenemos un reloj mecánico y, con lo que fuera (invirtiendo sus piezas), conseguimos invertir su movimiento. Al darle cuerda, en lugar de ir hacia adelante, sus manecillas irán hacia atrás. En lugar de ir de las doce a la una, de izquierda a derecha, irá de las doce a las once, de las once a las diez...


Claro, en el momento exacto en que lo pongamos en hora, al segundo siguiente, por muy exacto que sea su mecanismo, el reloj empezará a marcar una hora equivocada. Por ejemplo, supongamos que lo ponemos a las siete. El reloj "convencional" que "viaja hacia el futuro", irá marcando luego las siete y uno, siete y cinco... Sin embargo nuestro reloj, que "viaja al pasado", no. Marcará una hora incorrecta en cuanto su aguja minutera muerda el primer minuto. En lugar de las siete y un minuto serán las siete menos un minuto. Eso no es muy grave, pero cada vez que avancen las horas, él más se irá alejando de "la realidad". A las nueve él acabará marcando las tres.

Pero hay un problema. Es que no hemos hecho toda la inversión. Un reloj no es solo su calibre, no hace nada sin una escala graduada. En efecto: el dial, amigos. Se nos olvidó invertir el dial. Así que hagamos la inversión del dial y, los números que están a la derecha, situémoslos a la izquierda, y viceversa. ¿Qué ocurre? En efecto: nuestro reloj marca ahora la hora correcta. Y, a medida que avanza, marca la hora justa, pero al revés. "Menuda tontería" -pensarán algunos- "lo único que has hecho es el mismo reloj, pero al revés". Ya, pero entonces hagamos algo más.


Pongamos ahora nuestro reloj así retocado, al lado de uno convencional. En lugar de medir el tiempo con una regla marcada, miremos el tiempo gráficamente, por sectores. Si dividimos por sectores la esfera de un reloj convencional, veremos que ésta se va "llenando" hasta que concluye a en punto y se reinicia. Pero si convertimos nuestros dos relojes "en uno" de tal manera que sus esferas sean una sola, descubriremos que, a medida que se separan de en punto, sus sectores "aumentan", es decir: el tiempo corre "hacia adelante", se incrementa. Pero justo a la mitad, a las medias en punto, ocurre algo asombroso: el tiempo empieza a disminuir. Los sectores se consumen. El tiempo decrementa. Hasta que llega a en punto y el ciclo se reinicia de nuevo.

Es cierto que esto lo podemos hacer en un reloj convencional, pero para verlo realmente necesitamos dos agujas, dos relojes que funcionen al unísono.


Tal vez, quien nos haya otorgado el conocimiento de poder medir el tiempo quería que nos centrásemos siempre hacia el futuro, porque sobre el pasado ya no tenemos control, escapa de nuestro poder y no podemos cambiarlo, por lo tanto es inútil contemplarlo. Puede que no quisiera que perdiésemos el tiempo futuro contemplando y admirando el pasado. Pero cuando hacemos este "sortilegio", esta "prueba maléfica" llevando un reloj convencional a que funcione hacia atrás, el tiempo pasado surge ante nosotros como algo tangible, como por arte de magia. Un tiempo que se reduce y que desparece como una cuenta atrás.

Lo más curioso es que realmente no es pasado, sigue siendo el tiempo presente caminando hacia el futuro pero que nuestro "reloj encantado" convierte en pasado.


Ahora se puede entender por qué dicen muchos que la relojería es magia.

Por cierto, en cuanto hayáis acabado el experimento, destruid el reloj que va hacia atrás. No conviene hacer enfadar a los seres ancestrales.


| Redacción: RevistaRelojes.com / RevistaRelojes.blogspot.com