4.28.2017

Las 500 horas de tortura a las que Montblanc somete sus relojes


Cuando hablamos de Montblanc tenemos que pararnos unos instantes a coger aire, porque todo lo que lleve su firma es caro. Muy caro. En Montblanc son conscientes de ello y estiman por tanto que, quien adquiere uno de sus relojes, no solo está comprando un artilugio para ver la hora sino, además, una inversión a futuro. Así que cada modelo que sale de su factoría en Le Locle (Suiza) no solo tiene que parecer un buen reloj: tiene que serlo.

Para Montblanc esto pasa por tres criterios básicos e ineludibles: durabilidad, precisión y fiabilidad. La fiabilidad es un aspecto básico para que el reloj sea preciso y, además, para que el cliente pueda confiar en él. La precisión va implícita a todo reloj: sin ella un reloj no es nada, más todavía si se trata de un reloj mecánico, y pasa a ser un mero adorno bonito pero inútil. Y la durabilidad viene implícita por su alto precio, un cliente no espera adquirir un Montblanc cada año, de hecho probablemente espere que lo hereden sus hijos, que pase a sus descendientes, de manera que tiene que ser longevo desde la concepción del reloj, desde su diseño, pero también en sus materiales.




Por todo ello Montblanc somete a sus relojes a 500 horas de auténtica tortura que ríase usted de los G-Shock (incluidos, por supuesto, los G-Shock Premium), y que tienen que superar antes de ponerse a la venta.

Las 500 horas -tres semanas- quieren garantizar que el reloj va a estar siempre en su mejor estado y totalmente preciso hasta el primer servicio de mantenimiento rutinario, esto incluye superar certificaciones por encima de las mismas COSC, que solo contemplan el movimiento pero que en Montblanc estiman básico fijarse también en el reloj ya montado, porque así va a ser utilizado por el cliente. La otra diferencia -y también, obviamente, que tiene su contrapartida en el precio- es que, mientras otros fabricantes prueban un puñado de relojes de lotes "al azar", o hacen controles automáticos, o simplemente prueban sus unidades de pre-producción, en Montblanc todos y cada uno de los relojes que salen de su fábrica pasan esas 500 horas de tortura. Todos sin excepción.


Las pruebas que han de superar se agrupan en cinco puntos: la primera es una prueba de rendimiento de remonte, que se realiza durante 4 horas, y que verifica el buen funcionamiento de ese mecanismo. En la segunda prueba, que dura 80 horas, se monitoriza la precisión del reloj mientras éste funciona en distintas posiciones. La intención es que el reloj esté totalmente ajustado independientemente de la posición en la que lo llevemos, donde lo guardemos o cómo nos movamos con él. Luego pasa durante 336 horas a una prueba de resistencia ante inclemencias y agentes externos, y si la supera al reloj le quedan todavía 80 horas en una tortura de funciones consistente en la activación y manipulación de todos los elementos utilizables por el usuario del reloj, desde todas las posiciones y con todas las maniobras posibles que cualquiera usuario pudiera realizar. Finalmente, y antes de darle el visto bueno, el reloj pasa la prueba de estanqueidad, que incluye resistencia a la humedad y presurización del aire.

Esto garantiza que cada reloj puede seguir operativo durante los primeros tres años tras su adquisición (cinco en el caso de mecánicos), sea cuales sean las condiciones bajo las que su dueño lo utilice, antes del primer servicio de mantenimiento.




| Redacción: RevistaRelojes.com / RevistaRelojes.blogspot.com