11.20.2017

La tontería del día: el cubo acrílico de Omega


Si hace unos días pudiera parecer que G-Shock en su última campaña, en donde regalaban un libro "con sorpresa en el interior", daba muestras de un cierto "desperdicio de recursos", que nadie piense que marcas relojeras de reconocido prestigio hacen cosas mejores. Ni mucho menos. Creo que en algún sitio os contamos (aunque no encuentro el post) que Omega había inaugurado hacía poco un edificio dentro de su factoría Suiza. Como recuerdo, ¿sabéis qué les dieron como obsequio a los invitados? Un cubo de plástico. La cosa más absurda, insulsa y derrochadora que se pueda pensar, y el objeto con más probabilidades de terminar en la basura. No quiero ni imaginarme la cara de los que fueron de invitados tan contentos, y se volvieron a sus casas con un trozo de plástico en la mano. De una marca como Omega uno cabría esperarse algo mejor, un detalle más cuidado, pero ya veis: parece que todos sus ahorros se los gastaron en la construcción del nuevo edificio.

Eso no es todo, porque si de regalos inútiles e inservibles se trata, las marcas de relojería se llevan la palma. Sin salir de Omega, tenemos su parche, regalo por su 60º Aniversario (sí, se han herniado regalando eso); Cartier, tan elitistas ellos, regaló un estúpido puzzle que ni un niño de seis años lo habría diseñado peor; Invicta, en la feria de Baselworld 2013, les dio a sus invitados VIP un lápiz; IWC, tapones para los oídos (¡toma ya!, válidos si tienes los oídos de Superman, claro, porque a ver quien es el listo que se mete esa pedazo goma ahí y vive para contarlo), y Swatch (bueno, de estos se puede esperar de todo) el año pasado regalaron a personalidades un papel de regalo con ocasión del día de los enamorados (para ahorrarse el regalo, regalaron el papel..., es que suena hasta gracioso).




Pero sin duda quien se lleva la palma de los regalos cutres e inservibles fueron los relojes Martin Braun, que con todo el morro regalaron a sus invitados un expositor (¡sí!), para celebrar el galardón de reloj del año 2003. Aparte de encontrarle sitio, para llenarlo de relojes hay que estar bastante loco.

No obstante también hay que reconocer que otras marcas han ofrecido muy buenos detalles. Por ejemplo, afortunados fueron los que se acercaron a uno de los eventos de A. Lange & Sohne en 2013, puesto que se llevaron una bonita luz para leer, firmada nada más y nada menos que por Moleskine. Mejor aún se portó Breitling, que regalaron una mochila, en un precioso negro y firmada por la propia marca, o Patek Philippe, regalando una lupa de relojero y unos guantes muy elegantes. Pero sin duda el que más me ha gustado de todos es Breguet, una marca que, en el pasado Baselworld, regaló a sus invitados nada más y nada menos que un espectacular reloj de sol de bolsillo, fabricado por el especialista H. M. Kala de Knittelfeld, Austria. Eso sí que es tener un buen detalle, y no desperdiciar el dinero en un pedazo de plástico como el del principio de este post que, nada más salir de la reunión falta tiempo para arrojarlo al primer contenedor de basura que se encuentre.












| Redacción: RevistaRelojes.blogspot.com