7.02.2018

¿Relojes de lujo, o el lujo de comprar relojes?


En la entrevista de Tiago Gomes a Cécile Rodiere, CEO de Eternium y publicada en el recopilatorio tres de "El Imperio", la ejecutiva de la firma de relojería suiza dijo algo demoledor: "si vendes modelos exclusivos a precios populares, deja de ser exclusivo. Eso es incompatible. No puedes vender un modelo exclusivo y a la vez que esté al alcance de todos. Sí, puedes poner nombres muy grandilocuentes, nombres muy evocadores a relojes, dando la impresión que se está ante un reloj exclusivo y ante una pieza magistral, pero resulta que después fabricas de ellos dos millones de unidades, ¿dónde se quedó la exclusividad y el elitismo?". La frase no es mía, aunque reconozco que antes de leerla esta mañana, no la conocía y creía, no que la señorita Rodiere fuera original, sino que ponía negro sobre blanco algo que es evidente. Así que casi acabo de enterarme que en realidad la frase es de otro CEO, Florian Serex, el cual es también -coincidencia- ejecutivo de otra línea tan exclusiva como Eternium: Arnold & Son. Él dijo que "un reloj de lujo que toda la gente puede comprar, deja de ser un reloj de lujo".

Hoy, que tanto se habla sobre los "intangibles", éstos muestran su cara más evidente en el sector elitista de la relojería y joyería, pero también en el de la moda, incluso en el de las marcas de coches. No hace muchos años, si hablabas con alguien de coches coreanos como Hyundai o KIA, y les decías que estaba muy bien determinado modelo, o que querías comprártelo, solían responderte que "sí, pero son coreanos, no son SEAT, ni Volkswagen". Como si eso fuera malo de por sí.




Hace poco un amigo estaba buscando un coche de segunda mano, y le sugerí que buscase entre las marcas coreanas, porque tienen buenos motores, son duros, y además tienen un bonito diseño. Me respondió que imposible. Que buscar un modelo de esas marcas en el mercado de segunda mano era una tarea titánica: no había. Y no porque la gente no los comprase, sino porque eran robustos y muy pocos se desprendían de ellos.

Esto es así, y los datos son evidentes: mientras aquí nos tragábamos aquellos modelos de SEAT, Volkswagen o Peugeot (PSA) con defectos por todos lados y con motores de distribución por correa que cada determinados miles de kilómetros hay que casi "rearmar" el motor, los coreanos de KIA e Hyundai llegaban con robustos motores, a precios muy competitivos, y todos con distribución por cadena. ¿Por qué? La razón es sencilla: porque si en aquellos años un modelo salía mal, sabían que les costaría mucho que los europeos volvieran a confiar en esa marca. Así que tenían que ser cómodos, fiables, completos y, encima, baratos.


¿A dónde quiero llegar con esto? Pues que mientras los compradores de automóviles "premium" de marcas europeas gastaban un dineral en un coche tratando que fuera bueno, confortable y robusto, los más inteligentes invertían menos dinero que el de cualquier utilitario de marca europea "famosa" del sector, llevándose un coche infinitamente mejor. Claro, sin el apellido de "premium", pero ahí está lo "intangible". Y lo intangible es eso, precisamente: algo que no se ve, que no existe, que no aporta ningún valor, pero que cuesta muchísimo dinero. Pagar por nada, en suma.

Retomando el tema de la relojería, volvemos a lo mismo: mientras que Casio tiene bonitos y completos relojes con módulos de Citizen, y solares, a precios enormemente competitivos, en sus Collection, en Citizen y Seiko nos venden sus Eco-Drive y sus Kinetic a precios exageradamente inflados. Ocurre en muchas otras cosas, y no solo en relojes y en automóviles, aunque obviamente es donde más se mueve el segmento del lujo y donde más ejemplos podemos encontrar.


Obviamente todo esto tiene una razón de ser, y es que como antiguamente adquirir un reloj era algo que sólo podían conseguir unos pocos, ahora mismo eso no tiene ningún sentido, y gracias al cuarzo cualquiera puede disfrutar de un reloj muy exacto, y con muchas funciones. También, además, los costes de fabricación de los calibres mecánicos han descendido notoriamente. No ocurre lo mismo con el automóvil, que sigue siendo un objeto caro y, sobre todo, muy costoso de mantener. Alguien lo explicaba bastante bien haciendo referencia a la crisis de las aerolíneas, diciendo que si a mediados del siglo pasado un pasaje de avión podía costar casi como un Seat 600, hoy un pasaje de avión del mismo tipo apenas había variado en precio, mientras que los automóviles habían ido subiendo su coste notoriamente. Y es cierto. En los ochenta por 3.000 € uno podía adquirir un Renault 4, que era el más asequible de Renault, pero era -y es- un gran coche. Hoy hasta el Dacia más barato cuesta más que eso: el Sandero cuesta más del doble.

En relojería nos quieren hacer pagar unos precios de automóvil, en muchas ocasiones no porque el reloj lo valga, sino por simple posicionamiento de la marca (como contaba al principio de Eternium o Arnold & Son). Por increíble que parezca, hay gente que lo paga, y que encima se va con la sensación de que ha pagado un producto a su precio adecuado. Por fortuna quienes paguen eso serán los más ricos y pudientes (porque obviamente a esos precios no puede llegar cualquiera), así que si les estafan, y encima les estafan con gusto, pues en buena parte se lo tienen merecido.

| Redacción: RevistaRelojes.blogspot.com